A Carla le regalaron su primera cámara fotográfica cuando cumplió doce años, poco antes del viaje a Yucatán con su familia. Le gustaba tomar fotos de cosas inusuales además de los paisajes y atracciones. Tomó fotos de las pirámides en Chichén Itzá, de los flamingos en Celestún y de las murallas en Mayapán, además de la gente y la vegetación.
Al volver a casa comenzó con su primer proyecto, hacer retratos de su familia: su papá cortando limones en el patio, su mamá regando las plantas en el jardín, sus hermanos jugando. Le divertía tomar fotos cuando no se daban cuenta. Quería capturar sus expresiones, aunque a veces no les gustaba.
Su segundo proyecto fueron escenas típicas de su comunidad. Pensaba que sus fotos eran registros de vida y costumbres. Quería acordarse de cómo eran las cosas. Su tercer proyecto llegó solo: se acercaba el festival del 10 de mayo en su escuela y la maestra Gema le propuso ser la fotógrafa oficial. Carla se emocionó tanto que el día del evento estaba muy nerviosa, sin embargo, todo salió bien y a partir de ese día se dedicó a tomar las fotos de los eventos escolares