Alfonso siempre había querido un perro. Desde que se acordaba, les había pedido a sus papás que le dejaran tener un cachorro. Primero le dijeron que no porque vivían en un departamento y no se permitían mascotas. Luego, cuando se cambiaron a una casa, le dijeron que no porque acababa de nacer su hermanita Ángela. Pasó el tiempo y Alfonso seguía deseando un perro. Cuando iba al parque, jugaba con los perros que llevaban a pasear. El domingo fueron todos al parque y se encontraron con una colecta para un hogar de perros y gatos callejeros. Alfonso corrió a ver los perros y César, uno de los voluntarios, se acercó. Cuando llegaron los papás de Alfonso, César platicó con ellos. Les dijo que recogían perros y gatos callejeros, les daban atención médica y luego los ofrecían en adopción.
Les dijo que trabajaban voluntarios, como los veterinarios que sólo cobraban por los medicamentos,y las personas que alimentaban y paseaban a los perros. A Alfonso le interesó ser voluntario y les pidió permiso a sus papás. Ellos le hicieron preguntas a César y le dieron permiso a Alfonso de ser voluntario en la organización “Adopta un amigo”.